Recuerdo que ya al principio, cuando mi trabajo consistía en comprar diamantes en Amberes, mis proveedores se ponían muy nerviosos, era una mocosa de veinti-pocos años, cuando me entregaban un carpet (sobre) con piedras para que lo estudiara para la posterior compra, lo abría y sin mirar ni tan siquiera una piedra con la lupa, lo volvía a cerrar, se lo entregaba y decía "no".

Y así, hasta que al abrir uno, algo me transmitían las piedras, entonces lo estudiaba, y si estaba en precio, lo compraba. Realmente esto los desquiciaba.

Después de unos años, me enteré de que otro cliente, hindú por más referencias, hacia lo mismo. No se que nos decían las piedras, aún hoy sigo sin saberlo.

 

Lo que sí sé es que las piedras compradas de esta manera, siempre se vendían. Si alguna vez, por no encontrar lo que buscaba, me quedaba con algunas que al abrir el sobre no me habían comunicado nada, a pesar de estudiarlas y no encontrarles nada malo, la mayoría de las veces se quedaban en el despacho sin vender. Cuando pienso en el porqué, me remito a la historia, y entonces pienso que no soy un bicho tan raro.

Al adquirir una piedra debemos sentirnos fascinados por ella, incluso sin preguntamos el porque. Antiguamente, cuando el ser humano era más primitivo y espiritual, a las gemas se les atribuía un algo misterioso, un algo divino, por ello se utilizaban como amuleto y talismán, protegían contra los espíritus, podían defendernos del mal y conservarnos la salud. Hasta principios del siglo XIX las gemas se utilizaban incluso como medicamentos contra las enfermedades.

Algunas veces, la sola presencia de una piedra bastaba para la curación, queda constancia escrita de ello en diversos tratados. En la actualidad, dentro de un mundo tecnológicamente más avanzado, nos preguntamos si el buen resultado de esta litoterapia se debía al poder de la piedra o a la mera sugestión, pero no podemos perder de vista la fascinación que por ellas sentimos.

¿Porqué en la actualidad, la mayoría de personas, ha olvidado la mística en torno a las piedras, y únicamente las valoran como pura inversión de capital, o símbolo de poder económico? ¿Eran tontos los egipcios porque colocaban gemas en las tumbas para que los acompañaran en el viaje al mas allá? ¿Los llamados "sabios" de la antigüedad, no lo eran, porque creían en el poder de las piedras? ¿Porqué no pensamos que quizás algo hay?.

Como gemóloga, por lo tanto científica, soy incrédula por naturaleza y si no me demuestran las cosas, no las creo, pero, ¿porque no tenemos en cuenta la energía de las piedras?. Yo creo que ahí está la clave.

Hay minerales, gemas o piedras, como se les quiera llamar, que al ser sometidos a una presión determinada, vibran y generan energía. Un claro ejemplo es el cuarzo, que hoy en día se está utilizando en relojería e incluso en instrumentos quirúrgicos.

 
Este campo magnético, creado por la liberación energética, se puede canalizar.

Sí partimos de la base de que cada mineral vibra con una longitud de onda diferente, que algunas de sus propiedades son la luminiscencia, el magnetismo, la conductividad eléctrica y la radioactividad y a eso añadimos que tienen diversidad de colores, y los colores son originados por la luz, es fácil suponer que cada piedra emitirá "algo" diferente. Puede ser que esto sea lo que captaba yo cuando compraba los diamantes, su energía. Si pensamos que nosotros somos energía y generamos un campo energético, y las piedras tienen la suya, ¿es muy descalabrado pensar en que una piedra puede potenciar nuestra energía, cuando se encuentran campos afines?

A lo largo del tiempo vengo observando diversas reacciones entre las piedras y las personas que la verdad es que de momento se escapan de toda lógica.

Siempre ha sido un placer para mi trabajar con piedras, y las sensaciones que he experimentado con ellas siempre han sido agradables, por ello tiendo a que los que me rodean se beneficien también de alguna manera. Cuando me encargan un collar, miro a la clienta, por si capto algo que me diga que piedra le puede ir mejor, y no siempre, pero algunas veces debo acertar, porque transcurrido un tiempo, cuando me la encuentro me dice "no me lo quito de encima".

 
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