Las joyas de Laura Noblom unen dos términos que bien podrían aparecer como sinónimos: la naturaleza y el arte. .

Las creaciones de la naturaleza, en este caso las piedras preciosas y semipreciosas vistas como formas involuntarias de arte.
Por otro lado, los objetos étnicos, creaciones humanas que poseen la vo-luntad de ser arte con mayúsculas y con todo el refinamiento cultural de la actividad humana.

En sus múltiples viajes por el mundo, Laura busca los objetos que cultural y estéticamente más le interesan. Como experta gemóloga y a la vez poseedora de una amplia cultura sabe que for­mas y colores pueden combinar a la perfección con las pequeñas piezas creadas por el hombre.
 


Por primera vez utiliza pequeñas piezas de cerámica precolombina que unen a su innegable valor estético una cierta tosquedad de ejecución que casa a la perfección con las texturas de las piedras preciosas, siempre de formas irregulares y caprichosas. El innegable encanto y belleza que poseen estas uniones es con­secuencia, por supuesto, del personal gusto estético de Laura y nunca dejarán de admirarnos las posibilidades y sugerencias que ofrecen.

A su función utilitaria de adorno se unen conceptos como el paso del tiempo, la eternidad de los símbolos y las propiedades cura­tivas de los amuletos o la energía telúrica que irradian las piedras que proceden directamente de la tierra.

La duración en el tiempo es, a la postre, lo que une estas piezas arqueológicas con las piedras preciosas de edad milenaria y que nos transmiten una idea de la eternidad.

Joan Sola
 
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